Originarias de América, donde existen más de un centenar de variedades silvestres, las patatas son hortalizas que, a diferencia del resto de alimentos del grupo, destacan por su elevado aporte en carbohidratos, lo cual las convierte en una fuente de energía imprescindibles. ¿Qué más nos aportan? ¿Cómo cocinarlas?

Valor nutritivo de las patatas

La patata está emparentada con otras solanáceas como la berenjena, el tomate o el pimiento, pero en lugar de comernos el fruto, en el caso de la patatera (Solanum tuberosum) nos comemos sus tubérculos. Y su composición nutricional es muy diferente a la de sus parientes, ya que su nutriente principal son los hidratos de carbono, sobre todo a base de almidón. La patata también nos aporta proteína, que se halla sobre todo justo bajo la piel, pero destaca más por su contenido en fibra, que se concentra especialmente en la piel.

Macronutrientes en gramos por cada 100g de patatas
Hidratos de Carbono20
Proteínas2,3
Grasas0,1
Fibra2

Además, a nivel de minerales, las patatas son una buena fuente de potasio, aunque también destaca la presencia de fósforo, calcio y hierro. Y entre las vitaminas que aporta están la vitamina C, especialmente justo bajo la piel, y vitaminas del grupo B (como B3, B1 y B2).

Cómo es mejor cocinar las patatas

La patatera es una planta tóxica, por lo que al llegar a Europa, se extendió su uso ornamental entre los siglos XVI y XVII, pues se temía que el tubérculo fuera también tóxico. Y de hecho, en crudo es así, pues contiene solanina, que en determinadas cantidades es tóxica, por lo que la patata debe cocinarse siempre (ver aquí qué hortalizas es mejor comer siempre cocinadas). Además, las zonas verdes y los grillos son indicativos de esa toxicidad, y es conveniente comprar patatas sin ellos y, en todo caso, eliminarlos al cocinarlas. Y en el mismo sentido, para evitar que germinen y facilitar su conservación, lo mejor es guardarlas en un lugar ventilado, ni demasiado oscuro ni con demasiada luz, sino en penumbra.

A partir de aquí, las patatas admiten todo método de cocción. A diferencia del resto de hortalizas, fritas no necesitan de rebozado. Pero es asadas, hervidas o cocinadas al vapor como resultan más digestivas, y de hecho es así como se recomienda su consumo en trastornos digestivos leves, ya que protege y desinflama las mucosas intestinales.

Además, para aprovechar mejor todos sus nutrientes, es recomendable lavarlas bien y cocinarlas con la piel. No solo porque en esta se concentran fibra y micronutrientes, sino porque al ser fina, también perderíamos el aporte proteico al pelarlas. Y precisamente porque la piel es fina, al cocinarla queda tierna y se puede comer sin dificultad.

En frío, además, no pierde cualidades nutritivas, todo lo contrario. Por ello, asada, cocida o al vapor , las patatas son ideales como ingrediente energético para ensaladas.

A su vez, las patatas también se pueden guisar y estofar. Para ello, en lugar de un corte limpio, es mejor chascarlas. Es decir, introducir el cuchillo y hacer palanca para que se rompan de manera natural. Así, durante la cocción, liberan el almidón y, de esta forma, contribuyen a espesar caldos y salsas sin añadir otros componentes.

Esta cualidad y su textura hace que las patatas también sean un ingrediente ideal para cremas veganas de hortalizas (calabacín, calabaza, espinacas, puerro, etc.), aportando cremosidad sin necesidad de utilizar alimentos lácteos.

Recetas vegetarianas y veganas de patatas


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Escrito por:uranda

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