Concentración de vitaminas y minerales, más energía y fibra, eso es lo que nos ofrecen las frutas secas. Y además, son muy fáciles de incorporar a nuestra alimentación, tanto en recetas dulces como saladas.

Diferencia entre frutas secas y frutos secos

Uvas pasas, frutos rojos, orejones de albaricoque o melocotón, dátiles, higos, plátanos, manzanas, coco… Muchas son las frutas que podemos adquirir secas. Y no debemos confundirlas con los frutos secos, pues nutritiva y culinariamente no tienen nada que ver. Mientras los frutos secos son frutos que en su composición natural tienen menos de un 50% de agua, las frutas secas son frutas que originalmente, en su mayoría, contienen más de ese 50% de agua. Lo que pasa es que se las somete a un proceso de desecación o deshidratación en el que pierden el agua.

Frutas secas: propiedades nutritivas y usos en cocina

Con la desecación se emplean elementos naturales (sol, viento) para eliminar el agua, mientras que la deshidratación implica el uso de tecnologías para ello. En todo caso, al perder agua se reduce el volumen de las frutas, lo que varía también su textura y retrasa los procesos microbióticos que llevarían a su degradación. esto nos permite consumir estas frutas fuera de temporada.

Las frutas secas también concentrar los azúcares, por lo que resultan más energéticas que las frutas frescas. Pero aunque hoy día hay cócteles en las que mezclan frutas secas con frutos secos, no debemos confundir la fuente de energía de cada uno de ellos, pues estos últimos nos la aportan a través de ácidos grasos y proteínas vegetales (ver aquí valor nutritivo y propiedades de diez frutos secos).

Sin embargo, además de su aporte energético, las frutas secas también resultan muy interesantes para nuestra alimentación porque concentran el resto de nutrientes, por lo tanto, vitaminas y minerales, y sobre todo son ricas en fibra.

Para incorporar frutas secas en tu alimentación

Llevar unas frutas secas como snack de media mañana, por ejemplo, es una forma supersencilla de incorporarlas a tu alimentación. Pero también pueden agregarse al muesli, creando un contraste de sabor y textura, o a un yogur natural de soja, por ejemplo.

Lo importante para incorporarlas es que formen parte de alguna de las cinco comidas principales del día, y no parte de un picoteo, ya que su valor energético es alto.

Para incorporar frutas secas en tus recetas

Las frutas secas se pueden incorporar además de forma fácil a nuestras recetas, ya que igual que concentran nutrientes, concentran sabor y dulzor. Por eso uno de sus usos es en postres, pudiendo formar parte de brownies, cookies y tartas (ver aquí recetas) como si fueran frutos secos.

Pero a su vez, también pueden formar parte de recetas saladas, sobre todo a guisos, ya que al cocinarse se rehidratarán, su textura se suavizará, pero aportarán nutrientes y sabor (ver aquí cómo hacer un buen guiso vegano).

Sin embargo, también podemos jugar con sus sabores rehidratándolas antes de incorporar las frutas secas a las recetas. Con la rehidratación, lo que hacemos es sumergirlas en líquido para que recuperen agua, y con ello verás que ganan volumen. Puedes rehidratarlas con eso, simplemente agua. Pero cuando te decíamos que «jugar con sus sabores rehidratándolas» nos referíamos precisamente a jugar con el líquido. así, por ejemplo, para postres y dulces, puedes rehidratarlas antes con algún jugo de fruta natural e incluso algún licor, y para guisos puedes rehidratarlas con algún vino, por ejemplo. Esto aportará más matices de sabor a tus recetas.

Cómo conservar las frutas secas

Las frutas secas nacen como un método de conservación natural para disponer de ciertas frutas fuera de temporada, lo cual hace que perduren mucho más que una fruta fresca. Sin embargo, también se degradan y pierden textura, por lo que es importante guardarlas adecuadamente. Y esto es tan sencillo como meter las frutas secas en un bote con cierre hermético, y guardar en un lugar seco, fresco y fuera de la luz.

Escrito por:uranda

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