La huella ecológica es el impacto de nuestras acciones sobre el planeta. Y la alimentación, en la medida que depende del mismo, no deja de generar también un impacto. Sin embargo, la huella ecológica de una alimentación vegana implica al menos la mitad de impacto que la de una carnívora. ¿Por qué? ¿Cuál es el impacto sobre el planeta del consumo de proteínas de origen animal?

La huella de carbono de la producción de carne

Dentro de la huella ecológica encontramos diferentes aspectos: impacto sobre el suelo, consumo de agua o recursos hídricos y emisiones de gases. Estos últimos, asociados al cambio climático, se han venido a diferenciar de la huella ecológica global bajo el nombre de huella de carbono.

Pues bien, según un estudio de 2018 de la Universidad de Oxford (The global impacts of food production), al menos el 25% de las emisiones anuales de gases responsables del efecto invernadero son emisiones producidas por el sector de la alimentación. Y de ese 25%, más de la mitad, concretamente el 58%, son emisiones que proceden de la producción de alimentos de origen animal. A su vez, de ese 58%, lo que más emisiones genera es la producción de carne de ternera y de cordero, que juntas suponen el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero correspondientes a la producción de alimentos de origen animal.

Esta huella de carbono se genera a través de diversos elementos clave como los gases emitidos por la digestión que realizan los animales criados para ganadería, pero también por el oxido de nitrógeno resultante de la fertilización de los campos para producir su comida. Y en este sentido, no estamos hablando de algo simbólico, porque aproximadamente el 40% de los cereales producidos en el mundo se destinan a la alimentación de ganado.

El impacto de la cría de animales sobre los suelos

A la huella de carbono del producción de proteínas de origen animal hemos de sumar los efectos de la deforestación, que busca generar espacios para criarlos. Esta deforestación contribuye al cambio climático porque sustituye el espacio de producción de oxigeno por un espacio de producción de gases de efecto invernadero. Pero la deforestación también afecta a la composición de los suelos, fomentando la erosión de los mismos y, con ello, el tránsito de un ecosistema rico y diverso a uno que avanza hacia el empobrecimiento y la desertificación.

El espacio empleado para la cría de animales sobre los suelos tiene dos vertientes: la del cultivo de su comida y la del espacio para pastoreo. Así, en el primer caso, decíamos que el 40% de los cereales producidos en el mundo se destinan a la alimentación de ganado. Pero a esto hemos de añadir un dato: en el hemisferio sur, el 85% del espacio destinado al cultivo de cereales es para el consumo directo de los seres humanos; en el hemisferio norte, tan solo el 30% de los cereales son para consumo directo, así que el 70% es para alimentar al ganado. Y esto está directamente ligado a la expansión de la dieta global, que fomenta la imagen de que la proteína por excelencia es la que procede de la carne (ver aquí La dieta global, una razón más para pasar de ser vegetariano a ecovegetariano).

Y sin embargo, es obvio que hay proteínas de origen vegetal. Nosotros nos nutrimos de ellas. Y en un metro cuadrado de tierra, se pueden producir 26 veces más proteínas si se realizan cultivos de origen vegetal para el consumo humano que si se destina ese mismo metro cuadrado al pastoreo.

El gasto hídrico en la producción de proteínas de origen animal

Y el tercer elemento que deja claro el enorme impacto del consumo de proteínas de origen animal está en el agua que se necesita para producirlas. Aquí, los datos cantan por sí solos: 500g de maíz requieren de 450 litros de agua; 500 g de pan, 650 litros; y un cereal con una importante demanda de agua como es el arroz, necesita de 1.700 litros para producir 500g.

Este último dato es muy inferior al de la producción de un litro de leche, por ejemplo, que requiere de 1.000 litros de agua. Pero si vamos a la producción de 500g de queso, ya pasamos a requerir 2500 litros de agua. Y si entramos en el mundo de las carnes, la cosa se va disparando: para producir filetes de 300g, vamos de los 1.170 litros del pollo, a los 4.500 de la ternera, pasando por los 1.440 del cerdo o los 1.830 del cordero.

Así que, paralelamente al trato que reciben los animales criados para ganadería, el consumo de proteínas de origen animal al nivel actual es básicamente insostenible para el planeta y, por lo tanto, para nosotros mismos.

Escrito por:uranda

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